La marca del bocazas

22 Junio 2022
La marca del bocazas

Sabía que la había vuelto a cagar. Otra vez. Y mira que se lo decían.

-Vigila con esa boca que tienes que te vas a meter en un lío.

Era muy consciente de que su carácter le iba a causar muchos problemas, pero le resultaba imposible controlarlo.

Si hubiera sido un tío de metro noventa con más de media hostia... las cosas le habrían ido de otra forma, pero era una loca del demonio encerrada en el cuerpo de un tirillas. Mal panorama para ir de chulo por la vida.

Y había escogido un mal lugar, quizás el peor, para sacar su pronto irracional. Todo parecía ir bien, pero de repente le dio de nuevo la paranoia y empezó otra vez con todo eso de las malas vibraciones y que si le miraban mal.

Había entrado en el estudio con la idea de hacerse dos tatuajes que ya le rondaban por la cabeza. Una frase y una fecha. Previamente había ido a varios estudios a pedir información pero solo entrar se había dado la vuelta porque le entraba mal cuerpo. En cambio, este estudio era diferente. Le habían atendido con mucha corrección y le habían explicado todo acerca de los tatuajes que se quería hacer. Entonces, ¿por qué le había cogido la pájara? Lo de siempre. Le había dado la sensación de que le miraban mal. Como si no le tomasen en serio. Como si se riesen de ella. Pero ya era tarde para controlar su paranoia. Los exabruptos e improperios que había soltado sin más no habían sentado nada bien a los tatuadores del estudio.

-¡No ves que este tío me está mirando mal! -le dijo a uno de ellos-. Me da muy malas vibraciones.

-¡Así no me tatúo! ¡Me da mal fario! - Soltó airada.

Luego siguió soltando sapos y culebras. Si atender a razones.

En un primer momento, los tatuadores se quedaron perplejos por su reacción e intentaron entender que narices estaba pasando. Pero cuando su ataque de ira se hizo insoportable, la pillaron por banda y la metieron en una cabina. La del fondo, la que está más lejos de la entrada. Cerraron la puerta del estudio con llave y pusieron la música a todo taco.

Iba a recordar mucho tiempo esa mañana. Probablemente tardaría más de un año en olvidarla. Hasta que pudiese hacerse el láser para borrar de su frente esas palabras que tantas veces, tanta gente le había repetido.

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Kike Fernández

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